LA EDAD DE TODOS LOS TIEMPOS

Hace 9 años, en el contexto del 150 aniversario del natalicio de José Martí, un amigo escribió un texto de ciencia ficción, basado en un supuesto encuentro con nuestro Héroe Nacional.  En aquel momento me sentí conmovido por la utilidad y sencillez del escrito. Hoy, en un aniversario más de la muerte del Apóstol, quisiera compartir esa insospechada conversación, salida de la devoción de alguien que como mucho de nosotros los cubanos de hoy en día siempre lo tienen presente.

Para un sitio web quizás muchos opinen que el cuento es un escrito demasiado largo, pero para los que quieren aprender del más universal de todos los cubanos estoy convencido que la lectura será amena e instructiva.

LA EDAD PARA TODOS LOS TIEMPOS.

Por Abel García

ANTES:

Desde adolescente, fue una frustración el no haber conocido por las razones obvias del tiempo a José Martí, en un principio me atrajo su fantástica obra poética y en prosa, o, el hecho casi epopéyico que la figura cimera de la revolución del 95 cayera baleado prácticamente a boca de jarro por el enemigo, justo cuando la empresa a la cual había dedicado su vida más lo necesitaba. Quizás, en aquellos primeros años también influyera el regalo que le hiciera el destino al morir de cara al sol tal como lo había pedido. Pero la frustración fue deseo irresistible y después necesidad imperiosa, ya que cuando conocí, en un mínimo su legado, más añore su presencia, motivado por la vigencia irreductible de su pensamiento.

 No podría decir a ciencia cierta el día, la hora, ni siquiera el tiempo que estuvimos juntos, no se si podré explicar si fue el deseo que logró que yo que viajara atrás en el tiempo, o él llegaba del pasado, o quizás estuvimos en algún punto intermedio de la materia o el espacio. Pero lo real es que de pronto lo tuve delante, quedando sin habla ante este encuentro, aunque reaccioné a tiempo para no dejar que se escapara la oportunidad de escuchar de forma directa opiniones acerca de tantos problemas que azotan hoy a la humanidad y entablé aquella conversación insuperable, siendo incluso demasiado directo, desestabilizado por su presencia, sin presentarme, ni despedirrne como debía ser ante su figura; asaltándolo a preguntas las cuales respondió, con la facilidad, sencillez, objetividad y seguridad de quien sabe que “Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria[1]”.

Maestro, ¿Qué cree usted de todos los programas que lleva a cabo nuestro país en el marco de la actual batalla de ideas?

J.M.: Estos no son tiempos para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas, vales más que trincheras de piedra.

No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea energética, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un batallón de acorazados[2].

 ¿Qué piensa de la batalla por la educación y la cultura, a partir de todos los esfuerzos en este sentido?

 J.M.: El que sabe más, vale más. Saber es tener. La moneda se funde, y el saber no. Los bonos, o papel moneda, valen más, o menos, o nada: el saber siempre vale lo mismo, y siempre mucho… Un hombre instruido vive de su ciencia, y como la lleva en sí, no se le pierde, y su existencia es fácil y segura… Un pueblo instruido ama el trabajo y sabe sacar provecho de él… A un pueblo ignorante puede engañársele con la superstición, y hacérsele servil. Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre. Un hombre ignorante está en camino de ser bestia, y un hombre instruido en la ciencia y en la conciencia está en camino de ser Dios. No hay que dudar entre un pueblo de Dioses y un pueblo de bestias… Un pueblo de hombres educados será siempre un pueblo de hombres libres. – La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud. Tan repugnante es un pueblo que es esclavo de hombres de otro pueblo, como esclavo de hombres de sí mismo[3].

En nuestro país al tiempo que le damos mucha importancia al estudio de la historia universal enfatizamos en el conocimiento profundo de nuestra historia y la América. ¿Hacemos bien?.

 J.M.: ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América?… La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcones de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. No es más necesaria.[4]

¿Cuáles son los peligros que pudieran caer sobre Cuba y el resto de los pueblos latinoamericanos hoy día?

J.M.: De todos los peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas, está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento, y de cochero a una bomba de jabón: el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano, y abre la puerta al extranjero… Otras crían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. El desdén del vecino formidable que no la conoce es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe.[5]

Usted al parecer nos habla de los Estados Unidos de América, pero, ¿Para muchos no se supone que sea este el pueblo paradigma de la libertad?

J.M.: Pasa en los juicios que se publican sobre los pueblos lo que a los hombres de poca edad con las mujeres que los deslumbran por su hermosa apariencia, sin ver que puede una serpiente vivir en la misma concha que parece morada de la perla… A los pueblos se les ha de estudiar dos veces, como las mujeres. El frívolo se contenta con las impresiones, sobre todo si son de su agrado o concuerdan con su disposición personal. El que sabe que la pluma se debe mojar en la sangre de la verdad, aunque nos salga del costado, deja pasar los primeros vapores de la impresión, y escribe después de estudio doloroso de lo real… Y eso no va dicho por casualidad, sino porque en lo que se escribe ahora por nuestra América imperan dos modas igualmente dañinas… Una de las cuales es presentar como la casa de las maravillas y la flor del mundo a los Estados Unidos, que no lo son para quien sabe ver.[6]

Ni el que sabe y ve puede decir honradamente, – porque eso sólo lo dice quien no sabe y no ve, o no quiere por su provecho ver ni saber, – que en los Estados Unidos prepondere hoy, siquiera, aquel elemento mas humano y viril, aunque siempre egoísta y conquistador, de los colonos rebeldes, ya segundones de la nobleza, ya burguesía puritana; si no que este factor, que consumió la raza nativa, fomentó y vivió de la esclavitud de otra raza y redujo o robó a los países vecinos, se ha acendrado, en vez de suavizarse, con el injerto continuo de la muchedumbre europea, cría tiránica del despotismo político y religioso, cuya única cualidad común es el apetito acumulado de ejercer sobre los demás la autoridad que se ejerció sobre ellos. Creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho; “esto será nuestro, porque lo necesitamos”. Creen en la superioridad incontrastable de la raza anglosajona contra la raza nativa. Creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india, que exterminan[7].

El Norte ha sido injusto y codicioso; ha pensado más en asegurar a unos pocos la fortuna que crear un pueblo para el bien de todos; ha mudado a la tierra nueva americana los odios todos y todos los problemas de las antiguas monarquías… En el Norte no hay amparo ni raíz, en el Norte se agravan los problemas, y no existen la caridad y el patriotismo que los pudieran resolver…… Se ha repartido mal la tierra; y la producción desigual y monstruosa, y la inercia del suelo acaparado, dejan al país sin la salvaguardia del producto distribuido, que da de comer cuando no da para ganar. Aquí se amontonan los ricos de una parte y los desesperados de otra. El Norte se cierra y está lleno de odios[8].

Pero para otros los Estados Unidos asumen conductas positivas, que le dan oportunidad a nuestros pueblos como es el Tratado de Libre Comercio de América.

J.M.: Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera mas sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen mas claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen de las naciones americanas de menor poder… De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia[9].

Pero de esa relación con alguien tan desarrollado se podrían beneficiar nuestras economías y aun seguiríamos siendo independientes.

J.M.: A todo convite entre los pueblos hay que buscarle las razones ocultas… Los pueblos menores, que están aún en los vuelcos de la gestación, no pueden unirse sin peligro con los que buscan un remedio al exceso de productos de una población compacta y agresiva, y un desagüe de sus turbas inquietas, en la unión con los pueblos menores[10].

Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve… El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo… El influjo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en influjo político… Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hace servil de él… El pueblo que quiera ser libre, sea libre de negocios. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que lo necesite menos, al que lo desdeñe menos… El comercio va por las vertientes de la tierra y agua y detrás de quien tiene algo que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión, con el mundo. Y no con una parte de él[11].

Pero maestro otros no ven esa relación como peligrosa y desearían incluso, no-solo la unión económica, sino también la unión política.

J.M.: Cuando un pueblo es invitado a una unión por otro, podrá hacerlo con prisa el estadista ignorante y deslumbrado, podrá celebrarlo sin juicio la juventud prendada de las bellas ideas, podrá recibirlo como una merced el político venal o demente, y glorificarlo con palabras serviles; pero el que siente en su corazón la angustia de la patria, pero el que vigila y prevé, ha de inquirir y ha de decir que elementos componen el carácter del pueblo que convida y el convidado, y si están predispuestos a la obra común por antecedentes y hábitos comunes, y si es probable o no que los elementos temibles del pueblo invitante se desarrollen en la unión que pretende, con peligro del invitado[12].

Cree el soberbio que la patria fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irredimible a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que pide forma que se le acomode y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se destanca la sangre cuajada de la raza india[13].

Por lo que hemos hablado parece que el empuje norteamericano contra Latinoamérica pudiera ser cada vez más directo y con más fuerza. ¿Qué podríamos hacer frente a un enemigo tan poderoso?

J.M.: Y han de poner sus negocios los pueblos de América en manos de su único enemigo, o de ganarle tiempo, y poblarse, y unirse y merecer definitivamente el crédito y respeto de naciones, antes de que ose demandarles la sumisión el vecino a quien, por las lecciones de adentro o las de fuera, se le puede moderar la voluntad, o educar la moral política, antes de que se determine a incurrir en el riesgo y oprobio de echarse, por la razón de estar en un mismo continente, sobre pueblos decorosos, capaces, justos, y como él, prósperos y libres?[14]

Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades:¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes[15].

Sólo una respuesta unánime y viril, para la que todavía hay tiempo sin riesgo, puede libertar de una vez a los pueblos españoles de la América de la inquietud y perturbación, fatales en su hora de desarrollo, en que les tendría sin cesar, con la complicidad posible de las repúblicas venales o débiles, la política secular y confesa de predominio de un vecino pujante y ambicioso, que no los ha querido fomentar jamás, ni se ha dirigido a ellos sino para impedir su extensión, como en Panamá, o apoderarse de su territorio, como en México, Nicaragua, Santo Domingo, Haití y Cuba, o para cortar por la intimidación sus tratos con el resto del universo, como en Colombia, o para obligarlos como ahora, a comprar lo que no puede vender, y confederarse para su dominio[16].

Maestro, que nos puede decir, de aquellos, que desde el mismo triunfo de la Revolución se protegieron bajo el manto del imperio y  hoy día continúan desde allí sus actividades contra la Revolución, viendo el futuro de Cuba como un estado del Norte.

J.M.: No es este el momento de discutir el asunto de la anexión de Cuba. Es probable que ningún cubano que tenga en algo su decoro desee ver su país unido a otro donde los que guían la opinión comparten respecto a él las preocupaciones sólo excusables a la política fanfarrona o la desordenada ignorancia. Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter[17].

Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella? Ni ¿por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría,- a manera, no del pueblo que es, propio y capaz, -sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Base más segura quiero para mi pueblo[18].

¿Y pudiera haber otra forma mediante la cual Estados Unidos quisiera intentar apoderarse de la isla además de los mecanismos económicos ya citados como el ALCA?

J.M.: Sobre nuestra tierra,.., hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra, para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más cobarde no hay en los anales de los pueblos libres: ni maldad más fría. ¿Morir, para dar pie en que levantarse a estas gentes que nos empujan a la muerte para su beneficio? Valen más nuestras vidas, y es necesario que la Isla sepa esto a tiempo[19].

¿Qué piensa usted de esa guerra norteamericana contra Afganistán o Iraq, cuando ellos mismos crearon las organizaciones que hoy combaten, por intereses políticos?

J.M.: A la mesa del castigador no puede sentarse con honra, sino sin honra, ningún hermano de castigado[20].

Es un criminal quien promueve en un país la guerra que se puede evitar…[21]

La guerra debe ser sinceramente generosa, libre de todo acto de violencia innecesaria contra personas y propiedades, y de toda demostración o indicación de odio[22].

Mayor General; el pasado ha sido triste y duro, no solo para Cuba y países tercermundistas, sino para aquellos que son del tercer mundo dentro del primero, si estuvo plagado de calamidades, abusos, engaños y miseria, el presente para la mayoría es más desolador incluso, que todo lo que antecedió; ¿Qué será del futuro?

J.M.: Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud…[23]

El mundo está de cambio; y las púrpuras y las casullas, necesarias de los tiempos místicos del hombre, están tendidas en el lecho de la agonía… Por encima del desconsuelo en que sume a los observadores en estudio de los detalles y envolvimiento despacioso de la historia humana, se ve que los hombres crecen, y que ya tienen andada la mitad de la escala de Jacob… Si acurrucado en una cumbre se echan los ojos de repente por sobre la marcha humana, se verá que jamás se amaron tanto los pueblos como se aman ahora, y que a pesar del doloroso desbarajuste y abominable egoísmo en que la ausencia momentánea de creencias finales y fe en la verdad de lo Eterno trae a los habitantes de esta época transitoria, jamás preocupó como hoy a los seres humanos la benevolencia y el ímpetu de expansión que ahora abrasa a todos los hombres

Andamos sobre las olas, y rebotamos y rodamos con ellas; por lo que no vemos, ni aturdidos del golpe nos detenemos a examinar, las fuerzas que las mueven. Pero cuando se serene este mar, puede asegurarse que las estrellas quedaran más cerca de la tierra. ¡El hombre envainara al fin en el sol su espada de batalla!

Después:

Estuve preparado para cualquier cosa, imaginaba que vendría  un rayo de luz, una descarga eléctrica o cualquier otra de sus similares que vemos tanto en filmes de ciencia-ficción, que recibiría cualquier sensación extraña que me trajera de regreso o vería de forma mágica, la imagen del maestro, desaparecer ante mis ojos.

 Más partió caminado normalmente, con aquel traje negro con que ha quedado inmortalizado para todos los cubanos. Conversó con una maestra, habló a un albañil, dijo un poema, repetido después a una novia sin que esta se diera cuenta de la complicidad, cargó a un niño y besó a una pequeña en la frente; a lo lejos debatía con alguien que parecía un estudiante, se confundió con el tumulto hasta que lo perdí de vista.

Entonces aún estupefacto, entendí; durante toda la conversación estuve en la Cuba del Siglo XXI, que no había ido al pasado, ni él viajado al futuro, ya que continúo cabalgando al frente de las ideas patrias durante la última contienda mambisa, se opuso a la intervención norteamericana y su apéndice constitucional, felicitó a Baliño y a Mella por la creación de un Partido para los obreros en el 25, estuvo presente en la Revolución del 30 y todas las luchas de nuestros dirigentes sindicales y políticos que se opusieron a la triste República Neocolonial, siendo látigo incansable contra los gobiernos corruptos, serviles y entreguitas de la época; su verbo y ejemplo florecieron en los labios y actitud de jóvenes como Villena, Guiteras, Jesús, Roca, Abel, José Antonio y Frank. Fue autor intelectual del Moncada; su amor patrio no le permitió conformarse y marchó con Fidel en la Sierra, bajo con Che y Camilo al llano. Combatió en las arenas de Girón, fue internacionalista en Centra América y África, y nos inculcó que patria es humanidad, es partícipe directo de los logros de la Revolución y un inspirador incansable en las actuales batallas que libramos.

Al anochecer, hubo tribuna y todos de lo vimos multiplicarse, en aquellos que bendecidos por la palabra, alzaban su voz en nombre de los cubanos, en los cientos de miles que marchaban frente a la S.I.N.A. Por eso, después de 150 años, aún está aquí, joven y real, objetivo, siendo una cotidianidad la posibilidad de su consulta, ya que como se levantó un día cuando más necesitaba su empeño, la tierra que lo vio nacer, pasan los siglos y no envejece, tiene edad para todos los tiempos.

[1] Vid. Obras Completas, T VIII, Editorial, Nacional de Cuba, La Habana 1963, p. 288.

[2] Vid. Colección textos martianos, Obras escogidas en tres tomos, T. II, Editorial: Ciencias Sociales, p. 480.

[3] Vid. Roig de Leuchsenring, Emilio, Tres estudios martianos, Editorial: Ciencias Sociales. P. 109.

[4] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, pp. 482 y ss.

[5] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 500.

[6] Ídem, p. 231.

[7] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 500.

[8] Vid. Roig de Leuchsenring, Emilio, Ob. , cit. , pp. 181 y ss.

[9] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 379.

[10] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 449.

[11] Ídem, p. 501.

[12]Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 449.

[13] Ídem, p. 481.

[14] Vid. Roig de Leuchsenring, Emilio, Ob. , cit. , p. 196.

[15] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 481.

[16] Ídem, pp. 379 y ss.

[17] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 263.

[18] Vid. Obras escogidas en tres tomos: Ob. , cit. , T. II, p. 377.

[19] Vid. Roig de Leuchsenring, Emilio, Ob. , cit. , p. 178.

[20] Martínez, Carlos A.: Código martiano o de Ética Nacional(1ra Edición) p.139.

[21] Ídem, p. 141.

[22] Ídem, p. 144.

[23] Vid. Versos de Martí, Ed. Lex, La Habana.

[24] Vid. Obras completas : Ob. , cit. , T. VIII, p. 291.

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